
No puedo más. Tengo que decir algo al respecto o reviento, así que como no tengo ninguna gana de pasarme la mañana del domingo limpiando los restos de la masacre, me voy a quedar ancha diciendo cuatro cosas.
8 de marzo, día mundial de la mujer (¿trabajadora?)
De repente tengo la bandeja de entrada saturada con PPS muy bonitos, floridos y con una música de fondo de esas dulzonas que, lo siento mucho pero a mí me ponen atacada. Que si las mujeres valemos mucho, que si un mundo sin mujeres sería una mierda, que si cuando Dios quiso hacer el mundo perfecto creó a su obra maestra, la mujer, blablabla...
Vamos a ver; las mujeres ya sabemos lo mucho que valemos y de lo que somos capaces; somos perfectamente conscientes de nuestro privilegio a la hora de contribuir a la continuidad de la especie, de hecho nuestro cuerpo se encarga de recordárnoslo con regularidad y las que hemos tenido la suerte de llevar vida en nuestro interior sabemos muy bien lo que significa traer un nuevo ser a este mundo; tenemos un potencial enorme que nos hace capaces de llevar una casa, criar hijos, ocuparnos de nuestra pareja, mantener a toda la familia limpia y con la ropa bien planchada, todos bien alimentados y felices y además muchas curramos también fuera de casa. Pero eso no nos convierte en una especie superdotada que por ser capaz de hacer varias cosas al mismo tiempo debe mirar por encima del hombro al resto de la humanidad, o sea al hombre. Está muy bien que se haya avanzado enormemente en la igualdad de ambos sexos, al menos en ciertas zonas del planeta y hasta cierto punto, pues aún quedan muchísimas barreras que derribar, pero lo del día de la mujer siempre me ha olido bastante a feminismo. Porque una cosa es querer que se nos mida a todos por el mismo rasero, y otra muy distinta pretender compensar siglos de infravaloración intentando demostrar que ahora, nosotras somos mejores que ellos, y deberían entregarnos el poder del mundo.
Hay cosas que nunca cambiarán, y de hecho no deben cambiar, porque si un día descubriéramos que hombres y mujeres pensamos y sentimos igual, y ya no existiría la tan traída guerra de sexos, sinceramente, la vida sería insoportablemente aburrida. Somos diferentes, es así y nada lo va a cambiar, pero hay algo en lo que sí somos iguales; somos todos humanos. Y esa es la única igualdad por la que se debe luchar, del mismo modo que se lucha por la igualdad entre razas, credos u orientación sexual. La historia nos demuestra constantemente que mientras haya una sola persona que se crea superior al resto e intente convencer u obligar a los demás a ser como él, nunca podremos convivir en paz. Da lo mismo si es un grupo religioso o político que en su fanatismo asesina a quienes no profesan su misma fe, heterosexuales con ganas de linchar a todo aquel que sea capaz de amar a alguien de su mismo sexo, blancos, negros, judíos, orientales, musulmanes, todos queriendo ser la raza dominante...¿acaso no es bastante, que también tenemos que desear derrocar al macho a favor de la hembra?
Personalmente me lo paso en grande cuando nos juntamos un grupo de amigas y ponemos a caer de un burro a nuestros compañeros, pero sin más, es algo divertido que no hace daño a nadie que nos permite descargar frustraciones inevitables que surgen en la convivencia diaria, pero nunca se me ocurriría organizar una reunión de mujeres descontentas para acorralar maridos y convertirnos en unas nuevas amazonas. Y esa es la sensación que tengo cada vez que lega el 8 de marzo. Veo a una multitud de mujeres que dicen luchar por la igualdad, pero que en realidad lo que desean es la supremacía, y me dan escalofríos.
No me gustan los "días de...", para mí cada día es igual de importante a la hora de luchar por las causas realmente importantes, pero celebraré con gusto cuando proclamen "el día de la humanidad".
He dicho.