Cierro los ojos al mundo real, demasiado crudo en ocasiones, y me dejo llevar a otro mundo donde habitan mis sueños, un lugar en el que cada rincón está formado por recuerdos, deseos, anhelos, esperanzas y pequeñas piezas recogidas a lo largo de los años que, al juntarlas, forman un todo en el que me siento yo misma, totalmente definida. El mar es la música de fondo que me acompaña siempre, susurrando incesantemente secretos de los confines de sus aguas, que me hacen soñar con otras tierras y gentes que tal vez jamás conoceré pero a pesar de ello, están ahí, en alguna parte, esperandome. Recorro sin prisa las estancias de una casa abierta al sol y al aire, deleitando mi mirada en la belleza creada por ese mismo ser capaz de destruirse a sí mismo y a sus semejantes sin razón, corto las amarras que me atan a este lugar y me elevo por el cielo para ver lo que hay más allá del horizonte, sin saber si volveré a pisar este mismo suelo o, por el contrario, vagaré sin rumbo hacia el infinito, en busca de todo aquello que aún me queda por descubrir...
Hace 6 años