El hogar de mis peores pesadillas y mis sueños desbocados

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11 de marzo de 2009

Sed de sangre

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Su vida anterior era un inmenso vacío en su memoria. Ninguna de las personas con quienes compartió aquellos primeros años existía para ella, ni guardaba recuerdo alguno de la niña que fue alguna vez, ni de los supuestamente tormentosos años de adolescencia, y del mismo modo sus años de juventud no tenían para ella mayor valor que el de un grano de arena arrastrado por la marea al fondo del mar. Ignoraba si alguna vez amó a alguien, si llegó a formar una familia y sus brazos acunaron a un pequeño ser nacido de sus entrañas. Tal vez en alguna parte alguien la echaba de menos y lloraba su ausencia, pero de ser así ella nunca lo sabría. No tenía raíces pues no recordaba el lugar donde vino al mundo por primera vez. Su vida real había comenzado una noche de luna llena en aquel edificio en ruinas donde despertó con un extraño hormigueo en las venas y un ansia irrefrenable que la llevó a recorrer las noches sin descanso en busca de alimento.
Desconocía el significado de la piedad, y se servía igualmente de pequeñas criaturas confiadas que escapaban a la vigilancia de sus progenitores como de adultos en excelentes condiciones pero sin la menor posibilidad de salvación. Disfrutaba acechándolos entre las sombras, saboreando anticipadamente el momento en que sus colmillos se acercarían despacio a sus palpitantes cuellos, sin prisa por saciar una sed insaciable en realidad, postergando el momento al máximo para aumentar el placer al máximo y llegar al clímax de la satisfacción justo en el instante en que atravesase la carne y sus labios recibieran las primeras gotas de sangre caliente. Recorrió el mundo entero cazando de noche y descansando de día, sin relacionarse con ningún otro de su especie ni de ninguna otra. No necesitaba compañía y la posibilidad de compartir sus presas no era una idea que la atrajese, de manera que durante varios siglos permaneció en la más absoluta soledad.
Poco a poco la satisfacción de la caza se iba mitigando, el mero acto de beber ya no era suficiente, y ese oscuro rincón de su interior donde habitaba el placer obtenido, se iba convirtiendo en un páramo desierto y helado. Día tras día, el vacío crecía y lo devoraba todo. Por mucho que buscaba, no encontraba ninguna víctima digna de sus exigencias, y empezó a cuestionarse su extraña naturaleza. Dejó de cazar; se sumió en un estado de apatía del que nada podía sacarla, ni siquiera el olor de la sangre de las presas más tiernas y jóvenes, con su promesa de belleza e inmortalidad.
Una noche sin luna, mientras vagaba por las calles desiertas, se tropezó con un vagabundo escondido bajo unos cartones, semiinconsciente por el frío y la borrachera de licor barato. Se detuvo frente a él, y tras contemplarlo un instante, hizo un esfuerzo por sobreponerse a su apatía y saciar la sed que no sentía, pues sus fuerzas estaban mermando claramente, poniendo en peligro su supuesta inmortalidad. Se arrodilló a su lado, cogiendo con suavidad la cabeza del pobre hombre entre sus manos, para girarla y exponer el demacrado y sucio cuello. En ese momento reparó en las heridas que cruzaban su pecho, manchándole la camisa de sangre aún tibia. Movida por la curiosidad, separó de un tirón los jirones que cubrían apenas un torso desollado, con jirones de carne expuestos. Sin sentir la menor curiosidad por la causa de las heridas, e ignorando los gemidos de dolor del infortunado, pasó la yema de su dedo índice por una profunda herida situada sobre el esternón, y lentamente, lamió la sangre recogida. Tenía un gusto diferente, amargo, fuerte, como el humo proveniente de la incineradora a las afueras de la ciudad, repugnante pero al mismo tiempo fascinante, y con un ansia cada vez mayor, fue arrancando pedacitos de carne para lamer la sangre de su superficie. Entonces quedó a la vista el corazón, apenas protegido por un ridículo armazón de huesos quebradizos, que no opusieron resistencia a sus manos habituadas a matar. Los agónicos aullidos del vagabundo se perdieron en la oscuridad del callejón, sin que nadie los oyera, ni siquiera su verdugo, pues la excitación por lo que estaba a punto de ocurrir hacía rugir la sangre en sus oídos, borrando para sus sentidos todo lo que no fuera ese músculo palpitante, cálido y resbaladizo. Hundió la mano entre los huesos astillados, y de un solo tirón, arrancó el corazón de lo que ya sólo era un bulto gimiente y sin salvación.
Nunca ha habido bocado más exquisito, ni placer más insoportable que aquel primer mordisco a la carne aún viva; es sabor recién descubierto se impregnó en lo más recóndito de su cerebro, despertando un instinto mucho más fuerte y primigenio que la sed de sangre: la posesión del espíritu del hombre devorado.

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8 comentarios:

Chache dijo...

Guau... me gusta, macabro, pero me gusta. Ahora entiendo a lo que te referias. Es una caña, ¿no?
como personas tan distantes geográficamente y sin tener nada que ver tengan tantas cosas en común.

Me ha encantado, la pena que es corto... pero como bien se dice " lo bueno, si breve, dos veces bueno"

Un besote

Viperina dijo...

CHACHE
Esto es parte de un relato escrito entre varias personas; cada un@ le añadía un trozo de su propia cosecha, y así el resultado final cambiaba completamente del primer autor al último. Mi aportación a la historia sirvió para cerrar el relato. Sabía que te gustaría, ahora solo queda ver cuál es el próximo relato en el que coincidimos, jejeje...

fly dijo...

Me gusta los entresijos de esta entrada, y la verdad es que tiene sentido... a parte de parecerme un relato escalofriante, me ha hecho recordar una historia que cuenta la existencia de una tribu en el amazonas descubierta a principios del siglo XIX de la cual contaban eran canívales, pero que en realidad lo que ellos entendían era eso... devoraban tan solo el corazón del enemigo con la creencia de alimentarse de su valor y espíritu guerrero, y eso les hacía más fuertes.
Entrada puramente viperina...
Un abrazo.

felipoween dijo...

Pues es muy bueno.. jajja ne gusta... Tiene sabor a Vampiro......

saludos!!!!

Radamanth dijo...

he empezado a leer y me ha sonado como un dejà vu, pero no he sido capaz de darme cuenta hasta leer la respuesta al comentario de Chache, es la no novela, yo no guardo mi trozo, creo que tu y yo fuimos las ultimas en escribir, y lo malo es que prometia, era algo surrealista pero para estar escrito por varias personas, estaba quedando bastante bien... me gusto tu aportacion, le dio un nuevo giro al relato que parecia ya abocado a su fin, sin embargo fue la ultima experiencia... escalofriante, has creado un nuevo monstruo

lestat dijo...

Me he encantado. Les has dado una profundidad magnífica a un tema muy tocado y dificil como es el de vampiros.

€_r_i_K dijo...

Pues nada, a ver de que manera lo pones en marcha, me apunto a aportar un granito chiquitín de arena.....
En mis neuronas también hierven voluntades....


Besos.....

Chache dijo...

Ya lo había leído Vip...

Pero me ha encantado releerlo...

Tendremos que hacer uno a pachas a ver que obra maestra nos sale.

Un besote