El hogar de mis peores pesadillas y mis sueños desbocados

Image Hosted by ImageShack.us


Safe Creative #0902180072573




Todos los derechos reservados.
Esta obra está protegida por las leyes de propiedad intelectual y disposiciones de tratados internacionales, y no puede copiarse, difundirse o distribuirse sin la autorización del titular de los derechos.

23 de marzo de 2009

Un día perfecto

La nieve cae con fuerza tras el ventanal, formando caprichosos remolinos en el aire cuando el viento arrecia en furiosas ráfagas. Aquí, en este despacho del piso 58, me siento como en una burbuja, a salvo de la terrible tormenta invernal que azota este lado del país desde hace unos días, inclemente y furiosa, sepultándolo todo bajo metros de nieve que rápidamente se transforma en hielo. Por un momento tengo la curiosa sensación de estar en una de esas bolas de cristal que cuando se agitan muestran un paisaje nevado, solo que en este caso es a la inversa, yo estoy dentro de la bola y el paisaje exterior no es precisamente de cuento navideño, sino más bien una película de terror con un final nada feliz, a juzgar por el transcurrir de los acontecimientos desde que sonó el despertador esta mañana. Sentada en la incómoda silla que me machaca las lumbares soy apenas consciente del rapapolvo que recibo por parte de la jefa del departamento, una estúpida pretenciosa que ha llegado hasta este despacho en la última planta gracias a un padre con más influencias que cualquier político en el poder, y a una total falta de escrúpulos que la convierten en la persona ideal para el puesto, a pesar de no ser capaz de encontrar su propio culo ni aunque le pongan un mapa detallado delante de su nariz retocada en serie por el más caro de los cirujanos plásticos. Apenas percibo sus palabras, como si me llegasen a través de una gruesa capa de espuma, mezcladas con el adormecedor zumbido del aire acondicionado. Mi mirada se posa sobre un precioso pisapapeles de cristal, uno de los carísimos caprichos que la arpía recibe de los aduladores ansiosos de ganarse su favor y escalar enganchados a su chepa. Es un cubo transparente de cristal de Murano del tamaño de un cubo de Rubik, y en su interior hay una delicada libélula de alas multicolores en las que brillan pequeños diamantes, y cuyos ojos son dos diminutos rubíes. Mientras miro fijamente los relucientes ojos de esa libélula de lujo, me siento extrañamente ausente, como en trance, y los acontecimientos de este día van pasando como una presentación de diapositivas, la primera de las cuales me muestra a mi novio con una taza de café recién hecho en una mano mientras me explica porqué ya no soporta más mi irritante compañía y ha decidido volver a vivir con sus seniles abuelos, quienes a pesar de no tener un control total sobre sus funciones corporales son mejor compañía que yo. A continuación me veo a mí misma agachada junto a la rueda de mi coche intentando en vano hacer girar los tornillos congelados para cambiarla, mi falda manchada de grasa negruzca y el tacón de mi zapato derecho partido en dos, zapato que junto a su pareja me costó los ahorros de medio año, pues para entrar a trabajar en una empresa de tal prestigio se exige una apariencia acorde con el nivel económico de sus clientes. Veo pasar un taxi tras otro sin detenerse a pesar de ser evidente mi situación desesperada, me veo caminando por la acera congelada, con el frío calando tan hondo a través de mi abrigo que ya ni siento mi cuerpo, me veo resbalando al llegar a la entrada del edificio de oficinas y cayendo sobre mi trasero, al mismo tiempo que oigo el crujido de mis vértebras al chocar contra el suelo. Me veo deslizándome a hurtadillas en el ascensor con la esperanza de no ser vista antes de llegar a mi mesa, esperanza por supuesto vana, pues justo una décima de segundo antes de cerrarse las puertas, el presidente de la compañía entra y me da un repaso completo, con evidente desaprobación, diría más, con la misma repulsión con la que miraría a una cucaracha flotando en su café. Soporto estoicamente su manifiesto desprecio, y al llegar a la planta 58 salgo al descansillo suplicando al diablo que no sepa quién soy, petición no escuchada pues nada más llegar a mi cubículo veo a la arpía de pie junto a mi mesa, golpeando impaciente el suelo con la punta de sus zapatos hechos a medida con la piel de algún animal en vías de extinción. Me arrastro tras ella hacia su despacho con vistas a la mejor zona de la ciudad, y me siento en la dura silla de respaldo recto frente a su sillón ergonómico y con vibromasaje, y soy vagamente consciente de que me acaba de poner de patitas en la calle, sin considerar los años de abnegada dedicación al trabajo, ni las noches interminables ultimando detalles para que ella se llevase el mérito al llegar por la mañana descansada, fresca y tersa tras dormir envuelta en placentas de cordero y desayunarse con sangre de vírgenes doncellas. Soy levemente consciente de haberme puesto en pie sobre mis pies horriblemente doloridos al entrar en reacción con el calor de la oficina, haber hecho oídos sordos a su furiosa voz ordenándome sentarme, haber cogido con mi mano insensible el valioso pisapapeles y haber mirado fijamente la libélula, y de repente veo con sorpresa cómo esa bella criatura manipulada para complacer a una bruja me guiña uno de sus ojos de rubí y mueve sus alas produciendo un susurro parecido a una palabra. Acerco el cubo a mi oído y a pesar de los gritos airados llamando a seguridad, oigo claramente el sonido que brota de las alas de la libélula; una sonrisa triunfal se dibuja en mi cara mientras, obedientemente, estampo el pisapapeles en la cabeza de esa pécora, y mientras los fragmentos de cristal manchados de sangre caen sobre la moqueta de un blanco inmaculado, la libélula sale volando y atraviesa el ventanal cerrado a cal y canto.
Por fin es libre, y yo también.
Image Hosted by ImageShack.us

Safe Creative #0901252468405

9 comentarios:

Radamanth dijo...

Me gusto muchisimo ese relato cuando lo lei, te quedo muy bien cuando me dijiste que tenias que escribir un relato sobre una libelula me dejaste algo perpleja, no sabía como podrias encararlo, pero realmente te quedó perfecto, con esa dosis de suspense... que al final resulto ser lo que todos hubieramos hecho. Liberarse de la bruja o brujo que nos aprisiona y mira por donde de paso la libelula fruto de su extravagancia consiguio su libertad...besotes wapa

€_r_i_K dijo...

Sabes, estoy por comprar un pisapapeles de esos, y mira aún estoy dudando a quién se lo voy a regalar, tengo varias opciones, y por cierto aún no me decanto por cual de la mesilla de noche voy a colocarlo......Ah, y seguro que algún extraño ser quedará libre, una vez hecho el uso por el que parece que se ha creado.....

Besos.....

Viperina dijo...

Radamanth, es verdad que no era un tema fácil, de hecho es más propicio para una historia romántica, un cuento infantil...pero ya sabes, me gusta rebuscar y sacarle el lado más oscuro y extraño a las cosas, y mira por donde, de un tema que esperaba no sacar gran cosa, salió uno de mis relatos favoritos...

€rik, quien más, quien menos, todos conocemos a alguien que se merece recibir un regalito tan contundente, así que dejate de colocarlo en la mesilla; el mejor sitio es cerca de donde ronda el jefe, no hace falta que sea el tuyo, sirve cualquiera, y así, en caso de necesidad o arrebato...pues lo tienes a mano.

fly dijo...

¿Qué se siente al liberarse?
Se lo pregunto a Viperina o a la libélula...
Estás segura que ese insecto era tal, o quizás tú misma... buscando una salida.
Muy bueno, la verdad es que no dejas de sorprenderme.
Hasta pronto.

Viperina dijo...

Fly, pues imagina que llevas el peso del mundo sobre tu espalda y de repente ese peso desaparece...pues eso se siente...imagino, porque en realidad nunca le he estampado un pisapapeles a nadie, aunque ganas no me han faltado, y muchas veces además. En la vida real tendremos que seguir conformándonos con jurar en arameo a espaldas de nuestro villano particular.

Alberto dijo...

Ya se sabe, amiga: "del jefe y del muro cuanto más lejos más seguro".
Yo me compraría unos de esos bolardos de diseño tan bonitos que ponen por ahí. ja.
Buen día y cuídate.
Besos de libertad.

Viperina dijo...

Bien dicho, Alberto. Hay cosas y personajes de los que mejor en las distancias largas, desde luego. Un besote.

HUGO dijo...

Mujer...que te escribes todo, pásame tu fórmula,besos.

Viperina dijo...

Hombre Hugo, todo, todo...el día que me vea escribiendo una novela romántica lo dejo para siempre, jejeje...La fórmula? Si la tuviera, la vendería y a vivir de los derechos el resto de los días, lo malo es que no la conozco, ya ves.