El hogar de mis peores pesadillas y mis sueños desbocados

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10 de febrero de 2009

Inhumana perfección



La envidia de todas las madres. Así eran aquellas tres niñas adorables; siempre limpias, bien vestidas y ni un pelo fuera de su sitio. Educadas y correctas hasta lo imposible, nadie tenía una sola palabra de queja sobre ellas por su comportamiento, ni siquiera sus vecinos sufrían las habituales molestias de tres criaturas en edad de correr, gritar y rivalizar entre ellas por cualquier nadería. Cuando salían en familia eran la comidilla de sus vecinos, pues a nadie le parecía normal tanta perfección. De posición económica acomodada gracias al empleo del padre, la imagen que daban al mundo era impecable; ropa de firma, cabello cuidado por los mejores profesionales, zapatos apropiados para cada ocasión y siempre relucientes, monovolumen último modelo, gafas de sol ultrafashion, perfume con aroma a dinero...y las tres niñas siempre conjuntadas, con ropas de colores sobrios y elegantes, vestidas con indudable buen gusto pero de forma muy poco apropiada para los juegos y la diversión. Pero eso no importaba, porque aquellas niñas nunca jugaban, al menos a nada que pudiera estropear su impecable aspecto. Las únicas diversiones que conocían eran las de puertas adentro, en su cuarto de juegos, especialmente aquellas en las que no interviniesen pinceles, tijeras ni pegamento, ni nada que pudiera estropear sus caras vestimentas. Ni una sola vez se las vió en el parque infantil, ni montando en bicicleta por las aceras de su calle, ni recogiendo flores, hojas o palos para crear un collage para regalar a su madre, de quien con una enorme sonrisa permanentemente anclada en su cara, nadie diría que alguna vez tenía un mal día o sufría de algún mal, al contrario, su respuesta a la cortés pregunta "¿qué tal?" inevitablemente era "estupendamente, gracias" mientras la sonrisa se ensanchaba hasta el límite de lo que permitían sus mejillas.
Pero algo no encajaba en el cuadro, sobre la deslumbrante sonrisa una mirada fría y vacía contradecía tanta armonía...
Cada tarde, al acercarse el anochecer, en el interior de la casa se repetía el mismo ritual. Un baño caliente y fragante para las niñas, tras el cual eran enfundadas en sus pijamas limpios y perfumados, para a continuación sentarse en torno a la mesa del comedor para dar cuenta de la cena preparada por su amorosa madre; después un cuento mientras los ojos se entrecerraban sobre la almohada y al terminar, un beso de buenas noches. Más tarde los padres también se prepararán para finalizar la jornada, con una agradable cena, un poco de charla intrascendente y un rato frente a las noticias de la televisión. Tras limpiar y recoger los restos de la cena, se acomodarán en su confortable cama y tras compartir unos momentos de mecánica y controlada pasión , se quedarán dormidos profundamente.
En el silencio y la oscuridad de la casa dormida, se puede escuchar un leve zumbido que parece proceder del ático. Tras la puerta al final de las escaleras hay un objeto de aspecto muy extraño, una gran esfera translúcida surcada de algo que parecen gruesas venas palpitantes, que emite un fulgor anaranjado e intermitente. Al mismo tiempo, en los dormitorios, la oscuridad de la noche se interrumpe cerca de las cabezas de los durmientes, de las cuales procede una difusa luz roja, que con el transcurso de las horas, cambiará a verde, tras lo cual el zumbido callará y el silencio reinará al fin en la casa. La recarga nocturna se habrá completado. El ciclo de la vida se reiniciará un día más.

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8 comentarios:

Radamanth dijo...

demasiada perfeccion no era sana se veia venir,una cosa es disimular de puertas afuera pero otra cosa es seguir igual de idoneas de puerta para dentro, que tristeza que para alcanzar la perfeccion se tenga que ser un androide con forma humana pero al fin y al cabo una maquina sin sentimientos y que ejecuta el programa que se le ha configurado... antes de leer el final pensaba que eran hijas de una madre neurotica por la limpieza y que las niñas evitaban tener roces con la madre despues todo encaja...bonito relato mantiene el suspense hasta el final...besos wapa

€_r_i_K dijo...

Sabes, al final las vidas de cada uno, vistan al cocodrilo o al faisán, todas son ciclicas, cambiadas tal vez con algún descuido...
Quién se acuesta con doña tristeza, se levanta con ella....Y quizás, alguna vez algún cuento leído por aquella mamá diez, se mantuvo en su mente mientras esa luz se transformaba en verde....
Quizás en algún cuento, fué la protagonista....


Abrazos......

--3nder-- dijo...

Muy interesante. Un saludo a mi constestona number one

Iradai dijo...

La perfección no existe.
Me encanto tu relato
Un abrazo
Iradai

fly dijo...

Relato inquietante. No sabía dónde nos querías llevar... estupendo!!
Un saludo.

lestat dijo...

Gran relato, yo siempre me quedo con la perfección de la imperfección.

besos

Salva dijo...

muy bien escrito y hace pensar en lo que realmente es la perfeccion o no y que valor tiene,
besos

MIGUEL ANGEL MUÑOZ dijo...

Lo que nosotros valoramos es lo que importa, la perfección no creo que exista pero si nuestra lucha por ser mejores, meh agustado tu escrito, felicidades, un beso